Dejar ir es dejar llegar.

Aunque parece un sinsentido o una frase con trampa, la vida y sus ciclos no tienen en cuenta nuestra dificultad para desapegarnos de situaciones y cosas que realmente no nos hacen felices.

Y ahí estamos nosotros, queriendo controlar el flujo natural de la vida, los cambios y en definitiva, perdiendo oportunidades.

Seguimos insistiendo con ese chico que no contesta a nuestros mensajes o continuamos con nuestra pareja por costumbre y a pesar de no ser felices. Seguimos llenando nuestro armario para vivir en una falsa abundancia, pues tu y yo bien sabemos que hay prendas que hace más de un año que no usas (ay de ti si te viera Marie Kondo…). Dejar ir es aceptar las cosas como son y no como nos gustaría que fueran.

Cuando no aceptamos necesitamos explicaciones, argumentos, solemos presionar para obtener lo que deseamos.

No dejar ir es reconocer que mereces menos y que no debes aspirar a más.
Nos asusta el cambio, la incertidumbre y nos frustra nuestra incapacidad de adivinar el futuro.

Notarás que algo vale la pena cuando de forma natural todo fluya y sea un dar y recibir recíproco.

Si entrenas tu mente para fijarte en lo positivo, en lo que te sienta bien, será más fácil detectar lo mejor para ti. Y por ende, darte cuenta de lo que no te suma. De lo que existe para evitar el vacío al que tanto temes.

Otra cosa, es que no creas merecerlo. Y aquí, ya estamos hablando de autoestima.

Te recuerdo que fuistes perfectamente diseñadx para ser feliz. Y si no es el caso, puedes y tienes el poder transformarlo, para recobrar tu equilibro.
Mereces lo mejor. Y punto.

Gracias por regalarme tu mirada en este post.

Este es un momento genial para empezar a sentirte mejor. ¿Empezamos? ¡Escríbeme! 🤗