El negocio del miedo

Si ya me caía mal el estilo publicitario mediante el cual pretendían venderme una alarma para mi hogar a través de inyectarme miedo y más miedo… imagínate el empacho que tengo con el Coronavirus y la madre que lo parió.

Y aunque está por ver si al COVID-19 lo parieron en un laboratorio (y conspiraciones aparte), lo que sí tengo claro es que la psicosis colectiva la estamos pariendo nosotros.


¿Cómo?
Con cada mensaje que reenvías, además, sin haber validado la fuente (porque no, tu prima o tu cuñado son personas muy “queribles”, pero no son una fuente oficial, darling).

Si necesitas saber qué hacer en estos casos, busca y pregunta en organismos oficiales o dirígete a los teléfonos facilitados para cada comunidad. San Google puede ayudarte 24 horas los 7 días de la semana.

Deja de promover la locura colectiva que ni es efectiva ni te protege, más bien todo lo contrario, te estresa y el estrés, amiga mía, es venenito del malo directo a tu sistema inmunológico.

Si crees que la situación es importante, recuerda, deja de preocuparte y empieza a ocuparte, dedícate a llevar a cabo las medidas recomendadas. Céntrate en lo que está en tu poder, en tu control.

Al igual que ocurre con la autoestima, la manera que tenemos de comunicarnos tiene un gran impacto. No solo es importante lo que (te) dices sino cómo (te) lo dices.

Así que sé selectiva con lo que decides engullir.
Elige con cariño también lo que compartes con los demás, cuenta hasta 10 antes de reenviarlo.

El negocio del miedo existe porque tú y yo lo compramos. Porque acudimos a su llamada.

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