El Club de las Niñas Buenas

“Qué niña tan buena y responsable.” – ¿Te suena?

De pequeña recuerdo el gesto de mis padres (y otros adultos varios) cuando me describían orgullosos de ésta manera.

Y aunque me siento suuuper agradecida a la educación y la infancia que me dieron mis padres (básicamente porque todo eso tiene mucho que ver con lo que soy en el presente), hoy me doy cuenta que podría traducir eso de ser buena y responsable por una sola palabra.

Niñas buenas

En realidad no era buena, porque esto más bien es una evaluación externa, y está muy lejos de ser una verdad universal.

Básicamente porque uno es tan “loquesea” en función de con quien te comparen. Y mi hermano mayor resultó ser más inquieto que yo. Y por aquellos entonces (al igual que pasa hoy), el inquieto era condecorado con la medalla de niño malo. (Y esto es para otro post).

En cuanto a lo “responsable”, pues qué quieres que te diga… No sé si realmente era capaz siendo una niña de asumir ser estandarte de la responsabilidad y, como su propio nombre indica, tener la capacidad y habilidad de asumir las consecuencias de mis actos y orientar mi conducta teniendo en cuenta el bien propio y también el común.

Casi ná.

De hecho, confieso que siendo adulta aún me sigue costando.
Supongo que siendo niña me responsabilizaría de mis actos y sus consecuencias porque mis padres así me lo pidieron cuando metí la pata hasta el fondo. O porque no había peor consecuencia que ver a tus padres enfadados y sobre todo porque eso significaba que el afecto lo retiraban en 3,2,1…¡chao!

Y yo creo que más me portaba bien por el miedo a no perder a su cariño.
Buscaba sacar buenas notas porque los quería ver contentos. Porque si no lo hacía, temía porque no estuvieran orgullosos de mi, y con peor suerte… tristes.

Estudiaba por miedo a darles motivos para estar tristes.


En fin, que de lo que me doy cuenta es que más que buena y responsable, a lo que yo verdaderamente hacía era OBEDECER.
Y resulta que no es lo mismo, señores.


Responsabilizarse de uno mismo es de los mayores actos de empoderamiento y amor propio más potentes que conozco.


Tanto si estás educando como si tú también perteneces al Club de las Niñas Buenas, este mensaje es para ti:


La excesiva obediencia en nuestro desarrollo nos aleja de poder tomar nuestras propias decisiones, ya que podríamos estar también tomándolas en base al miedo y esto puede generar inseguridad y problemas de autoestima en un futuro.


A través de la terapia, puedes explorar patrones, necesidades e inercias que no desear realmente, sino que más bien son fruto de un querer encajar con tu familia, amigos, sistema, trabajo.Puedes revisar tu autoconcepto, recuperar tu autoestima y salir a vivir la vida que realmente quieres vivir.


No creo se trate de dejar a nuestros hijos un mundo mejor, sino dejarle al mundo mejores hijos.

¿Tú también perteneces al Club de las Niñas Buenas?

¡Me encantará leerte en comentarios!

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