Tu cuerpo, tu templo.

La semana pasada mi cuerpo subió el volumen de sus alarmas.

Una infección me invadió y, de paso, me recordó lo mala paciente que soy, la poca paciencia que tengo a veces conmigo y los procesos, sobre todo los que no puedo controlar.

Desde hace casi un año, abandoné el ritmo frenético y decidí cocinar mis días a fuego lento y ahora, que creo dejarme sentir un poco más, siguen pasándome por alto muchos de sus mensajes.

Me recuerdo ahora presumiendo ante otros de una salud de hierro, que la he vendido tan bien que hasta mi entorno se sorprende si tengo algún síntoma. ¿Qué imagen de Superwoman con una salud infranquable he vendido? ¿Y para qué?

Ahora creo que habré estado enferma en ocasiones… y ni siquiera me habré dado cuenta.

Wow.

Tu cuerpo es el sostén incansable de tooodas las cosas que quieres hacer en el día, de tus ideas, tus riesgos, tus placeres y desafíos.

Es el espacio de tu creatividad, el guardián de tus miedos y el instrumento de tu risa.

Es el calor de tu vergüenza, tu enamoramiento y tu rabia.

Y es mucho, mucho más.

Tu cuerpo es el punto extraordinario donde ingeniería y obra de arte se tocan.

Así que hagámonos el favor de respetarlo y cuidarlo como lo que es, nuestro templo. Vas a estar ahí metidita el resto de tu vida.

La relación que tienes con tu cuerpo tiene mucho que ver con tu autoestima.

Pon atención a:

  • Qué te dices, cómo te lo dices.
  • Esa manera de hablarte a ti misma te recuerda alguien?
  • ¿Dónde y cuando aprendiste a hablarte a así?

Cuéntame, ¡te leo! 🤗

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